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lunes, 14 de octubre de 2019

¿QUÉ SON LOS PARABENOS, SULFATOS Y SILICONAS? ¿PARA QUÉ SIRVEN, SON REALMENTE TAN MALOS COMO NOS CUENTAN?




Muchos cosméticos se anuncian como libres de sulfatos, siliconas o parabenos como garantía de calidad y respeto con la piel y el medio ambiente. Pero ¿son realmente tan malos como los pintan? Lo cierto es que han caído en desgracia con el auge de la cosmética verde o biológica, que reivindica una vuelta a los ingredientes naturales. Como siempre, la clave está en la prudencia.

¿QUÉ SON LOS PARABENOS Y PARA QUÉ SIRVEN?

También conocidos como parabenes, son unos compuestos químicos muy usados como conservantes en cosmética porque son baratos y se necesita poca cantidad para que sean eficaces. Ocupan el segundo lugar tras el agua como ingrediente más utilizado en las formulaciones. Muchos de ellos están admitidos por la legislación de cosméticos en Europa, siempre que se usen en la concentración adecuada. Su misión es mantener a raya las bacterias en los cosméticos y garantizar que estos funcionan correctamente durante el tiempo indicado en el envase.

La nomenclatura química de los parabenos es “éster de para-hidroxibenzoico” y están compuestos por elementos como metanol, etano o propanol. En cosmética podemos encontrarlos bajo nombres acabados en paraben o parabeno. Algunos ejemplos son Ethylparaben (E214), Methylparaben (E218) o Propylparaben (E216). Aunque los parabenos son sustancias orgánicas que se pueden encontrar de forma natural en algunos alimentos (estos parabenos se metabolizan correctamente al ser ingeridos), el 90% de los parabenos que se utilizan en cosmética son sintéticos.

¿SON PELIGROSOS LOS PARABENOS?

Según las autoridades sanitarias, los parabenos están considerados componentes seguros, ya que al ingerirlos nuestro cuerpo puede metabolizarlos rápidamente. Sin embargo, no está demostrado que cuando los parabenos se absorben de forma externa su eliminación sea tan sencilla. Además, debemos tener en cuenta que el 99% de los productos que se utilizan diariamente contienen este conservante. Por ejemplo, los encontramos a menudo en champús, geles y cremas. Por lo tanto, pueden acumularse en nuestro organismo a un ritmo mayor del que nuestro cuerpo es capaz de eliminarlo.

La controversia. Según los expertos, un cosmético sin conservantes tendría una vida máxima de un mes y necesitaría ser guardado en la nevera. Pero, ¿por qué son tan polémicos en concreto los parabenos? Según la Organización de Consumidores y Usuarios, OCU, algunos están bajo sospecha porque pueden alterar el equilibrio hormonal del organismo si permanecen sobre la piel (cremas y lociones corporales) durante varias horas. Por precaución se deberían evitar los que figuran como butylparaben y propylparaben. Por el contrario, se consideran que son seguros y eficaces –usados en las proporciones permitidas, un máximo del 0,4%– los siguientes parabenos: methylparaben y ethylparaben. En una concentración bastante inferior, el 0,14%, también se admiten como conservantes estables y sin problemas para la salud los parabenos butylparaben y proylparaben. ¡Fijaros bien en la etiqueta!

Fórmulas con y sin parabenos. Considerando su amplio uso en la industria cosmética, la incidencia alérgica es relativamente baja en comparación con otros conservantes. Pero, ante la polémica de su uso y la reticencia de muchos consumidores, muchas marcas han optado por no incluir parabenos en su formulación y usar otros conservantes que, aunque reducen la toxicidad al máximo, no resultan tan eficaces contra los microorganismos que pueden contaminar el cosmético. Muchos laboratorios mezclan varios conservantes, que no sean parabenos, para obtener una fórmula segura, aconsejando que el producto se use en un período máximo de 6 meses. Los envases airless (con dosificador, para que no entre el aire) también minimizan el riesgo de contaminación del producto.

Hay algunas alternativas a los parabenos que tampoco resultan seguras al 100%. Conservantes como los aceites esenciales o los polialcoholes pueden ser efectivos contra las bacterias, pero no contra los hongos. Y, en muchas ocasiones, se necesitan grandes cantidades para que sean estables, lo que puede acabar provocando alergias e irritaciones.

¿QUÉ SON LOS SULFATOS Y PARA QUÉ SIRVEN?

Son unos compuestos químicos que se usan principalmente como agentes limpiadores de la piel y el cabello. La mala fama de estos tensioactivos (agentes responsables de generar espuma en el producto final) es que pueden irritar y deshidratar la piel, pero lo cierto es que son los que mejor retiran la grasa.

Ser prudentes. Si los usais con moderación, procurando que tengan una concentración baja o que no superen el límite regulado por la ley y no frotáis en exceso, no tienen por qué ser perjudiciales en vuestra higiene facial o al lavaros el cabello, según la mayoría de cosmetólogos y farmacéuticos. Lo consideran así porque normalmente se mezclan con otros ingredientes que contrarrestan las posibilidades de irritación. Lo importante es tener claro cómo es vuestro pelo y qué tipo de champú es el mejor para vosotros.

Estos son algunos de los nombres más frecuentes de sulfatos que aparecen en los productos cosméticos: Sodium Laureth Sulfate, Thriethanolamine Lauryl Sulfate o Ammonium Lauryl Sulfate.
Y si vuestra piel o cuero cabelludo son muy sensibles. Lo mejor es recurrir, en el caso del cabello, por ejemplo, a cremas lavantes. Su “problema” es que no hacen espuma y a muchas personas les da la sensación de que no limpian a fondo. En el caso de limpiadoras faciales, también podéis prescindir de los tensioactivos sintéticos o sulfatos y recurrir a otros naturales, que no sensibilizan la piel (como Coco Glucoside, Decyl Glucoside, Lauryl Glucoside o Sodium Lauryl Sulfoacetate), aguas florares o micelares.

¿QUÉ SON LAS SILICONAS Y PARA QUÉ SIRVEN?

Son unos polímeros hechos principalmente de silicio que se usan en muchas formulaciones de cosmética como agente conductor o “suavizante”. Es muy habitual en productos para el cabello como champús, acondicionadores y mascarillas. En el caso de la cosmética de color es muy habitual en las bases de maquillaje y prebases.

En el cabello sus beneficios son que evitan el encrespamiento, facilitan el peinado, aportan volumen y brillo e, incluidas en productos de styling, recubren la fibra capilar para protegerla del calor.
Lo que juega en su contra es que puede apelmazar el cabello (sobre todo, los grasos) o provocar deshidratación. Esto puede ocurrir si no se eliminan o limpian correctamente del cabello (acondicionadores, por ejemplo). Pensar que al crear una capa aislante en la fibra capilar puede no dejar que penetren los ingredientes de otros productos (keratina, aceites). Además, puede provocar irritaciones en cueros cabelludos muy sensibles.

En maquillaje, cuando se incluyen en las texturas, facilitan la aplicación de las mismas, suavizan la textura de la piel, prolongan la duración de los productos y ayudan ópticamente a disimular los poros y rellenar las arrugas.

Las desventajas son que su uso prolongado puede provocar oclusión, que la piel no respire bien y en pieles sensibles aparezcan granitos. Es muy importante elegir la crema en función de las necesidades de vuestra piel.

Lo que hay que tener muy claro es que en ningún caso es un ingrediente reparador, tanto en el cabello como en la cara ayudan solo temporalmente a mejorar el aspecto visual de ambos. Si no teneis una piel muy sensible ni problemas de alergias, podeis usar puntualmente productos con siliconas para facilitar el peinado de vuestros rizos, por ejemplo, o prolongar la duración de vuestro maquillaje. El caso es limpiar en profundidad posteriormente para que no queden restos, lo que puede perjudicar al pelo o la piel.